La enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró como pandemia en 2020, afectó gravemente a los pueblos indígenas a nivel global, agravando sus condiciones preexistentes de racismo, discriminación, marginación, vulnerabilidad, abandono y aislamiento.
El 19 de enero de 2022, la OMS registró más de 332.6 millones de casos confirmados y 5.6 millones de muertes en todo el mundo a causa de la pandemia. Para 2019, se estimaba que la población indígena superaba los 476 millones de personas a nivel global.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la mayoría de los pueblos indígenas vive en la región de Asia y el Pacífico (poco más del 70%), el 16% se encuentra en África y el 11.5% en América Latina y el Caribe, mientras que el resto habita en Europa y América del Norte.
No se dispone de datos desagregados sobre los impactos sanitarios y económicos de la COVID-19; sin embargo, informes de diversas agencias gubernamentales, organismos internacionales, grupos de la sociedad civil y noticias provenientes de comunidades indígenas evidencian que los pueblos indígenas han sido desproporcionadamente afectados por la pandemia.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) informó que importantes avances estaban siendo revertidos debido a la magnitud y el alcance de las desigualdades creadas y agravadas por la pandemia. Esto incluye los derechos de los pueblos indígenas y, desde el inicio del brote de COVID-19, numerosos informes han señalado su impacto negativo desproporcionado a nivel global.
