Por Joan Carling, Directora Ejecutiva de Indigenous Peoples Rights International (IPRI) Más de 100,000 masáis en Tanzania enfrentan ataques violentos para despojarlos de sus tierras y socavar sus medios de vida. Desde junio, la situación se ha intensificado y cientos de hombres, mujeres y niños masáis han sido desplazados, viendo cómo las tierras que han cuidado desde tiempos inmemoriales les son arrebatadas una vez más en nombre de la conservación. Quienes se han atrevido a alzar la voz para defender sus tierras, sus medios de vida y sus culturas han sido criminalizados. La historia de los masáis refleja el deterioro de la situación de los pueblos indígenas en todos los rincones del planeta, ya que enfrentan amenazas crecientes derivadas de la conservación y de la transición energética para hacer frente al agravamiento del cambio climático. Esta es la dura realidad de los pueblos pigmeos, guaraní-kaiowá, mahji y karen, entre muchos otros pueblos indígenas en todo el mundo. Los pueblos indígenas han insistido en que las acciones frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad —si se llevan a cabo sin el respeto y la protección de sus derechos y sin transformar las causas de fondo— no son más que falsas soluciones y una forma de colonialismo verde. Aunque los pueblos indígenas representan solo el 6% de la población mundial, el 80% de la biodiversidad restante del planeta prospera bajo su cuidado.
Estas áreas muestran una mayor preservación de los ecosistemas que aquellas bajo control exclusivo gubernamental o privado. La conservación y la adaptación están en el ADN de los pueblos indígenas, ya que mantienen una relación intrínseca, espiritual y recíproca con la naturaleza. Mientras tanto, una transición energética de un mundo con altas emisiones de carbono a uno de bajas emisiones, sin cambiar de manera drástica los patrones de consumo insostenibles y el paradigma altamente extractivista, solo conduce a una mayor marginación de los pueblos indígenas. La minería para energías renovables, las represas y proyectos como biocombustibles, geotermia, parques solares y eólicos, así como proyectos de conservación forestal y áreas protegidas, están impulsando cada vez más el desplazamiento de los pueblos indígenas de sus tierras y territorios, destruyendo sus medios de vida, debilitando sus sistemas tradicionales y aumentando la criminalización y las violaciones a sus derechos. De 2015 a mediados de 2022 se han documentado 883 ataques contra personas defensoras indígenas de la tierra y el medio ambiente. La participación sin precedentes de los pueblos indígenas de todo el mundo en cumbres internacionales de Estados sobre clima y biodiversidad tuvo como objetivo visibilizar lo que ocurre en el territorio y exigir el respeto de sus derechos en todos los acuerdos y acciones que les afectan. También buscó dar mayor visibilidad a sus esfuerzos e innovaciones en la conservación y el uso y manejo sostenible de diversos ecosistemas. A través de su participación, buscan romper la paradoja de ser quienes más sufren las consecuencias de la crisis climática (y de las “soluciones”) a pesar de ser quienes menos contribuyen a ella. Asimismo, mientras los pueblos indígenas continúan protegiendo el medio ambiente, reciben menos apoyo directo para la adaptación y mitigación del cambio climático.
Los pueblos indígenas deben ser reconocidos y considerados como los verdaderos titulares de derechos que son. Se debe dar prioridad a garantizar el reconocimiento legal, el respeto y la protección de sus derechos sobre sus tierras, bosques, territorios y recursos. De esta manera, los pueblos indígenas serán tratados como socios genuinos y en igualdad de condiciones. Los derechos de los pueblos indígenas son derechos humanos que deben ser respetados para garantizar la aspiración común de los pueblos a vivir en paz, sin discriminación y con equidad social. Mientras los derechos de los pueblos indígenas no sean reconocidos, continuarán siendo víctimas de criminalización, despojo y ataques impunes. Deben establecerse mecanismos de rendición de cuentas más sólidos para poner fin a la impunidad de quienes violan los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas. El acceso a la justicia debe garantizarse para todas las personas defensoras indígenas y comunidades que han sido víctimas de ataques y criminalización por defender sus derechos y territorios. Los derechos humanos, la justicia climática, la justicia social, la rendición de cuentas y la acción colectiva son fundamentales para una vida digna en el presente y para un futuro sostenible. Los pueblos indígenas nunca renunciarán a esta lucha.
