Mucha gente dice que la COP30 (reunión de líderes mundiales para abordar el cambio climático) en Belém será caótica, que la ciudad amazónica no está preparada para el tamaño de la multitud que se espera. Los hoteles están llenos, la logística es incierta y algunas organizaciones ya han decidido no acudir.
Pero para mí, ése es precisamente el motivo por el que estaré allí.
Belém no es una sede más. Se eligió con un propósito: llevar al mundo a la entrada de la Amazonia, a las tierras y territorios de los Pueblos Indígenas que han cuidado de esta selva desde tiempos inmemoriales. El gobierno de Brasil quiso que ésta fuera la «COP Indígena«, y para nosotros eso tiene un profundo significado. Reconoce, aunque sea simbólicamente, que la Amazonia -y el clima del mundo- dependen de la protección de los territorios indígenas y del reconocimiento de nuestros derechos.
Para los Pueblos Indígenas de Brasil y de otros países, la COP30 no es una COP cualquiera.
En los dos últimos años, estas conferencias se celebraron en países que restringieron el acceso de la sociedad civil y dieron prioridad al de las empresas. Los espacios para las voces críticas se redujeron, el ambiente fue apagado y las negociaciones tímidas y poco inspiradas.
Belém ofrece un punto de inflexión. Aquí, los Pueblos Indígenas y los movimientos sociales pueden volver a ser visibles, expresarse y estar unidos. No nos limitaremos a actos paralelos u oportunidades fotográficas: estaremos presentes en las calles, en los debates y en la narrativa global. Aquí es donde reclamamos nuestro espacio para dar forma a una acción climática real, basada en la justicia, los derechos y la protección de la vida y la naturaleza.
No me hago ilusiones de que la COP30 vaya a solucionar de repente la crisis climática ni a ofrecer los resultados firmes y decisivos que necesita el planeta. Pero veo oportunidades -pequeñas pero importantes- para avanzar en ámbitos como la financiación climática y la transición justa.
Exigimos que estos debates vayan más allá de la retórica y aborden las realidades sobre el terreno. La financiación climática debe llegar a quienes protegen los ecosistemas que nos sostienen a todos . La transición justa debe garantizar la protección de nuestros derechos y no ser otra forma de colonialismo verde, en el que se exploten las tierras indígenas y volvamos a ser desalojados por la minería para los minerales de transición y los proyectos energéticos.
Más de 3.500 delegados indígenas se reunirán en Belém: de la Amazonia, de otras regiones del mundo. Juntos, amplificaremos nuestro mensaje compartido:
Somos la respuesta. Somos la solución. Estamos aquí para quedarnos.
Estas palabras reflejan nuestra realidad vivida. Son una declaración de existencia, resistencia y propósito. Cuando el mundo busque formas de sanar la Tierra, los Pueblos Indígenas estarán allí, no como víctimas o símbolos, sino como líderes y socios legítimos en la configuración de un futuro sostenible y justo. Protegemos más del 50% de la biodiversidad que queda en el mundo. Nuestros territorios almacenan carbono, mantienen los sistemas hídricos y ofrecen vías para la resiliencia. Sin embargo, seguimos sufriendo amenazas, criminalización y desplazamientos en nombre del desarrollo, la conservación y las soluciones climáticas.
En Belém, no sólo denunciaremos estas injusticias, sino que también mostraremos al mundo cómo son las verdaderas soluciones climáticas: arraigadas en los derechos sobre la tierra, la gobernanza indígena y la interdependencia entre las personas y la naturaleza.
Voy a la COP30 porque es importante.
Porque la Amazonia es el corazón palpitante de nuestro planeta, y aquí es donde debe escucharse la lucha por nuestro futuro colectivo.
